WhatsApp, llamadas y correo entran ya estructurados en tu sistema, listos para facturar. Tú apruebas. La voz con el cliente, la de toda la vida, sigue siendo la tuya.
Tus clientes te escriben por WhatsApp porque pueden pedirte un kilo extra, cambiar el viernes por jueves, decirte que el sábado tienen grupo. No quieren rellenar un formulario — quieren hablarte. Esa cercanía es la razón por la que te eligen a ti y no a Makro.
Por eso no la rompemos. Lo que hacemos es que esos pedidos por WhatsApp y por llamada lleguen a tu sistema tan limpios como si fueran pedidos de una tienda online. Sin que tu cliente tenga que cambiar nada de lo que hace hoy.
No te vamos a contar lo que ya sabes. Te contamos lo que se descuelga de tu mañana en cuanto entras en la cohorte.
WhatsApp, llamadas con buzón transcrito, correo y EDI entran ya estructurados en una sola bandeja. Una pantalla. Cero ventanas abiertas. La libreta y el talonario se quedan en el cajón.
Cuando estás en la A-4 a las cuatro y media, el agente captura el pedido entero y te lo deja preparado. Tú apruebas cuando paras — y el cliente no oye una IA, te oye a ti cuando le respondes.
Lo que el cliente pidió en su WhatsApp es lo que sale en la factura. Si pidió 9, son 9. Sin depender de la memoria de las cinco de la mañana ni del papel que se traspapeló.
El pedido aprobado entra en tu sistema — el programa que uses para facturar, o listo para exportar si lo haces a mano — con cliente, referencia, precio y descuento. Sin teclearlo otra vez por la mañana.
Seis piezas. Cada una hace una sola cosa, y la hace bien. Tú decides cuál enciendes primero — y nosotros lo encendemos contigo.
WhatsApp Business, llamadas con buzón transcrito, correo, EDI. Las mismas teclas para los cuatro canales. Lo que estaba en cinco apps es ahora una lista que cabe en una pantalla.
El número de WhatsApp Business que ya usan tus clientes sigue siendo el mismo. No instalan nada y, para ellos, nada cambia. Por detrás, el agente propone el cambio dentro del propio chat. Tú das al tic verde y entra en el pedido sin que reescribas la cifra.
El cliente te llama pidiendo un extra a media mañana. Antes de prometer nada, ves en la pantalla si el pedido nuevo cabe en la ruta, cuántos minutos suma, cuántos kilómetros y qué deja de margen.
Si no cabe, lo sabes antes de comprometerte. Y se lo explicas tú — porque la relación que llevas de toda la vida con ese cliente vale más que un pedido mal metido.
Los pedidos aprobados se ordenan por dirección. Ves paradas, kilómetros, tiempo y margen del día en una sola pantalla. La ruta se calcula por carreteras reales con OSRM. Tu chófer la abre en su Waze o Google Maps de siempre — sin descargar nada nuevo.
El mensaje natural del cliente — con sus apodos, sus prisas, su jerga — se convierte en cliente, producto, cantidad y precio. Cuando tú apruebas, entra donde lo tengas: tu programa de facturación, o listo para exportar e imprimir si llevas los albaranes a mano. Igual que lo metes tú, pero ya hecho.
"Lo de siempre" se convierte en una lista concreta. Los apodos de productos, los descuentos negociados, las preferencias raras, las quejas históricas — todo queda mapeado al cliente, no a una hoja de Excel suelta.
En España las cuentas no se pierden por descuento — se pierden por desconfianza. Por eso no automatizamos la conversación con tu cliente. La IA captura, transcribe, propone — y se calla. El "sí" final es siempre tuyo. La relación de 15, 20, 25 años no la toca nadie.
No tocamos lo que funciona. Trabajamos antes que tu programa de facturación, hablamos con tu WhatsApp, y el chófer sigue con el navegador que ya usa.
Si te reconoces en estas tres descripciones, vas a sacarle partido desde el día uno. Si no, hay otras herramientas mejores que la nuestra.
Dos o tres chóferes. Una persona haciendo de cuello de botella en oficina, que se llama madre, hijo, hija, mujer o socio.
Sage, A3, FactuSOL, iGes… o papel y boli. No te lo cambiamos: llevas años con tu trazabilidad y tu contabilidad ahí. Nosotros trabajamos antes, sin tocar lo que ya tienes.
Y llamadas que no puedes apuntar, y correos sueltos, y algún EDI. La caja de entrada está en cinco sitios. Nosotros la juntamos en uno.
Hay clientes que van solos, hay clientes que son muy pesados, hay clientes que te compran a ti y al siguiente a otro. Pero después de tantos años llevando la empresa con mis hermanos, estas cosas te salen solas.Distribuidor familiar de alimentación · 27 may 2026
Antes de abrir al público, entro en la operativa diaria de cinco distribuidores familiares y moldeo el producto a su realidad — su forma de facturar, sus clientes, sus apodos de productos. Conmigo, Peter, directo.
No. Tu programa de siempre — sea Sage, A3, FactuSOL o el cuaderno — sigue siendo el sitio de tus albaranes y tu contabilidad. Nosotros trabajamos un paso antes: capturamos el pedido por el canal que entre, lo estructuramos y, cuando tú lo apruebas, te lo dejamos listo en tu sistema. Tú sigues trabajando como siempre.
No. Eso es una decisión de diseño, no un fallo. Las cuentas se pierden por desconfianza, no por descuento. La IA captura, transcribe y propone — y se calla. La respuesta al cliente la das tú.
Para el grupo de acceso anticipado: en una semana tienes WhatsApp y la bandeja operativos, y los pedidos exportables (CSV/PDF) para meterlos en tu programa o imprimirlos. La integración directa con tu sistema —Sage, A3 y similares— va entre 4 y 8 semanas, según tu configuración. Te lo monto yo personalmente.
WhatsApp Business (API oficial), correo, y llamadas con buzón transcrito. EDI lo añadimos según las plazas lo pidan. iGes, A3 y FactuSOL están en la cola de ERPs.
La cohorte fundadora es un grupo pequeño y trabajo cada caso contigo directamente, así que el plan lo acordamos hablando — con números claros por delante, una tarifa de fundador congelada tu primer año y sin permanencia. Escríbeme por WhatsApp y en cinco minutos vemos si encajas y qué tendría sentido para tu negocio.
La tarifa cubre el volumen normal de un distribuidor familiar — los pedidos del día a día por WhatsApp, llamada y correo. No te vamos a cortar en mitad de un sábado. Si tu volumen es muy alto o creces mucho, lo hablamos y ajustamos el plan con números claros por delante. Sin sorpresas en la factura.
Tus datos son tuyos. Tus pedidos, tus clientes y tus conversaciones no se venden ni se usan para entrenar modelos públicos. Servidores en la UE, cifrado en tránsito y en reposo, accesos mínimos. Puedes pedir una exportación o el borrado de tus datos cuando quieras y te los llevas. Todo el detalle, en la política de privacidad.
Peter Neyra — diseñador y constructor en solitario. Español nativo (peruano-búlgaro). Llevo dos semanas haciendo 150+ llamadas a distribuidores de toda España, escuchando el día a día tal cual es.
El producto entero — la captura, la lógica, la bandeja, la salida a tu sistema — lo construyo yo. Por eso puedo permitirme el precio de fundador para el grupo de acceso anticipado, construirles funciones a medida, y por eso te respondo el WhatsApp yo mismo.
Tú me cuentas cómo entran tus pedidos hoy y vemos si esto te encaja en la cohorte. Si no, te ahorro tiempo y seguimos.
Empezar por WhatsApp
Búlgaro-peruano. Dos culturas donde la comida lo es todo — el sabor, la variedad, lo que hace por la gente sentada alrededor de la mesa. Llevo años trabajando con productores y operadores pequeños, y soy un fanático de cocinar (últimamente, ingeniería del bocadillo). Construyo Sancho y Panza porque he pasado dos semanas haciendo más de 150 llamadas a distribuidores de toda España y lo que oigo no se está resolviendo: una persona que apunta pedidos en papel a las 5 de la mañana, una llamada que entra cuando estás en la A-4, un albarán que se queda corto de un kilo y le cuesta a alguien 400 euros.
Sigo terminando alrededor de la comida. Mi primer trabajo al salir del colegio fue en los mercados mayoristas nocturnos de Londres, sentado al lado de los tratantes de Smithfield Market (carne), New Covent Garden Market (fruta y flores), Billingsgate Market (pescado), viendo cómo trabajaban y cómo una ciudad se alimenta de verdad. Más tarde ayudé a Gojek, la mayor empresa de reparto del sudeste asiático, a pensar problemas logísticos de comida realmente complicados — sacar pedidos de restaurante durante la temporada de monzones, por ejemplo. A través de los hackathons de nutrición que organicé con el departamento de nutrición de Imperial College London, junté a un reparto amplio de la cadena de suministro alimentaria: especialistas en semillas como Syngenta, retailers como Waitrose, gigantes del congelado como Bird's Eye, productores de básicos como Tate & Lyle. Y más recientemente puse un bocadillo en la carta de Gallo Nero, una salumeria italiana de 60 años en el norte de Londres. No soy chef ni soy productor — pero la comida es lo que tengo alrededor.